Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos No conocí a mi padre, que pereció en el famoso combate del «Cabo de San Vicente». Mi pobrecita madre, buena y santa mujer, que sostenía mi precaria existencia y la suya lavando la ropa de algunos marineros, murió de cansancio y fiebre en los comienzos del año 5. ¡Oh, Dios, cuan triste y penosa fue mi orfandad bajo la custodia y férula de un tío materno, más malo que Caín y más borracho que las mismas cubas jerezanas!… Las crueldades de aquel bandido me movieron a buscar respiro en la libertad; huí de la casa; me fui a San Fernando, de allí a Puerto Real, y juntamente con otros chicos desamparados y vagabundos di con mis huesos en Medina Sidonia.
Hallábame una tarde, con mis compañeros de hambre y fatigas, en una taberna de aquella ilustrísima ciudad, cuando fuimos sorprendidos por soldados de Marina que hacían la leva. Como pájaros asustados al primer tiro, nos desbandamos, refugiándose cada cual donde pudo. Mi buena estrella me llevó a cierta casa, cuyos dueños se apiadaron de mí, sin duda por el relato que de rodillas, bañado en lágrimas y con suplicante desesperación, les hice de mi triste y degradante miseria.