Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Esta señora no me abandonaba, y por ella, a los pocos días de miseria y vagancia en las calles de la villa, entré al servicio de una cómica muy salada. Habríais de ver al marinerillo de Trafalgar balanceándose en las olas de la vida de teatro, que es muy semejante a la del mar proceloso. Si antes había presenciado las embestidas de ingleses contra españoles luego intervine en el rudo pelear de los bandos teatrales, y para engolfarme más en los golfos comiquiles, yo fui también cómico, y representé dramas y aun tragedias, poniendo en el fingimiento toda el alma que había sabido poner en las funciones verdaderas.
Os asombraréis cuando os diga que por inspiradas relaciones y contactos de la vida pasé de las más bajas esferas a las más altas, y de criado de actrices a paje[1] de damas linajudas. Vi la grandeza de las casas aristocráticas; vi la confusión y laberinto de la Corte, y la marejada política que en ella se levantó, trayendo a la historia los más graves sucesos. Puedo daros noticia de la persona del Rey Carlos IV, que regía o aparentaba regir los destinos de esta nación, representada en una ideal nave; del ministro y privado, don Manuel Godoy, que era el que manejaba el timón; de la Reina María Luisa, del príncipe de Asturias, don Fernando. A éste amaba el pueblo, personificando en él cualidades que nunca tuvo; al Favorito aborrecía, suponiéndole peor de lo que era.