Fortunata y Jacinta
Fortunata y Jacinta MÁS ESCENAS DE LA VIDA ÍNTIMA
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Saliendo por los corredores, decía Guillermina a su amiga:
—Eres una inocentona… Tú no sabes tratar con esta gente. Déjame a mí, y estate tranquila, que el Pituso es tuyo. Yo me entiendo. Si ese bribón te coge por su cuenta, te saca más de lo que valen todos los chicos de la Inclusa juntos con sus padres respectivos. ¿Qué pensabas tú ofrecerle? ¿Diez mil reales? Pues me los das, y si lo saco por menos, la diferencia es para mi obra.
Después de platicar un rato con Severiana en la salita de ésta, salieron escoltadas por diferentes cuerpos y secciones de la granujería de los dos patios. A Juanín, por más que Jacinta y Rafaela se desojaban buscándole, no le vieron por ninguna parte.