Fortunata y Jacinta
Fortunata y Jacinta —Pues si lo reclama, no se lo daré —manifestó Jacinta con una resolución que tenÃa algo de fiereza—. Diré que es hijo mÃo, que le he parido yo, y que prueben lo contrario… A ver, que me lo prueben.
Exaltada y fuera de sÃ, Jacinta, que se estaba vistiendo a toda prisa, soltó la ropa para darse golpes en el pecho y en el vientre. Barbarita quiso ponerse seria; pero no pudo.
—No, tú eres la que tienes que probar que lo has parido… Pero no pienses locuras, y tranquilÃzate ahora, que mañana hablaremos.
—¡Ay, mamá! —dijo la nuera enterneciéndose—. ¡Si usted le viera…!
Barbarita, que ya tenÃa la mano en el llamador de la puerta para marcharse, volvió junto a su nuera para decirle:
—¿Pero se parece?… ¿Estás segura de que se parece?…
—¿Quiere usted verlo? Sà o no.
—Bueno, hija, le echaremos un vistazo… No es que yo crea… Necesito pruebas; pero pruebas muy claritas… No me fÃo yo de un parecido que puede ser ilusorio, y mientras Juan no me saque de dudas seguiré creyendo que a donde debe ir tu Pituso es a la Inclusa.
5