Fortunata y Jacinta
Fortunata y Jacinta —Nada, querida —declaró el buen señor acusándose francamente—. Que a mí también se me fue el santo al cielo. No lo quería decir. Cuando tú me saliste con que lo del nieto era una novela, flin flan, me dio la idea de tirar esta música a la calle, sin que nadie la viera; pero ya que se compró para él, flin flan, que la disfrute… ¿No os parece?
—A ver, dame acá —indicó Barbarita contentísima, ansiosa de tañer el pueril instrumento—. ¡Ah!, Calavera, así me gastas el dinero en vicios. Dámelo…, lo tocaré yo… flin flan… ¡Ay!, no sé qué tiene esto… ¡Da un gusto oírlo! Parece que alegra toda la casa.
Y salió tocando por los pasillos y diciendo a Jacinta:
—Bonito juguete… ¿Verdad? Ponte la mantilla, que ahora mismo vamos a llevárselo, flin flan…