Fortunata y Jacinta
Fortunata y Jacinta —He averiguado que el hombre aquel es un trapisondista… Ya no está en Madrid. Lo de los fusiles era un timo…, letras falsificadas.
—Pero ella…
—A ella la ha visto ayer JoaquÃn Pez… Sosiégate, hombre, no te vaya a dar algo. ¿Dónde dices? Pues por no sé qué calle. La calle no importa. Iba vestida con la mayor humildad… Tú dirás como yo, ¿y el abrigo de terciopelo?… ¿Y el sombrerito?… ¿Y las turquesas?… Paréceme que me dijo JoaquÃn que aún llevaba las turquesas… No, no, no dijo esto, porque si las hubiera llevado, no las habrÃa visto. Iba de pañuelo a la cabeza, bien anudado debajo de la barba, y con un mantón negro de mucho uso, y un gran lÃo de ropa en la mano… ¿Te explicas esto? ¿No? Pues yo sÃ… En el lÃo iba el abrigo, y quizás otras prendas de ropa…
—Como si lo viera —apuntó Juanito con rápido discernimiento—. JoaquÃn la vio entrar en una casa de préstamos.
—Hombre, ¡qué talentazo tienes!… Verde y con asa…
—¿Pero no la vio salir; no la siguió después para ver dónde vive?