Fortunata y Jacinta

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Esto llevó bruscamente las ideas de Doña Lupe a la verdadera causa de su ira. Ocurriósele hacer un reconocimiento en el cuarto de su sobrino, lo que agradeció mucho Papitos, porque de este modo tenía fin de inmediato el sofoco que estaba pasando.

—Vete a la cocina —le dijo la señora; y no necesitó repetírselo, porque se escabulló como un ratoncillo que siente ruido.

Doña Lupe encendió luz en el cuarto de Maximiliano, y empezó a observar. «¡Si encontrara alguna carta! —pensó—. ¡Pero quiá! Ahora recuerdo que me han dicho que esa tarasca no sabe escribir. Es un animal en toda la extensión de la palabra».









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