Marianela
Marianela Guiado
—¿Ciego de nacimiento? —dijo Golfín con vivo interés que no era sólo inspirado por la compasión.
—Sí, señor, de nacimiento —repuso el ciego con naturalidad. No conozco el mundo más que por el pensamiento, el tacto y el oído. He podido comprender que la parte más maravillosa del universo es esa que me está vedada. Yo sé que los ojos de los demás no son como estos míos, sino que por sí conocen las cosas; pero este don me parece tan extraordinario, que ni siquiera comprendo la posibilidad de poseerlo.
—Quién sabe… —manifestó Teodoro— ¿pero qué es esto que veo, amigo mío, qué sorprendente espectáculo es éste?
