Marianela
Marianela —Dicen que mi madre vendía pimientos en el mercado de Villamojada. Era soltera. Me tuvo un día de Difuntos, y después se fue a criar a Madrid.
—¡Vaya con la buena señora! —murmuró Teodoro con malicia—. Quizás no tenga nadie noticia de quién fue tu papá.
—Sí, señor —replicó la Nela con cierto orgullo—. Mi padre fue el primero que encendió las luces en Villamojada.
—¡Cáspita!
—Quiero decir que cuando el Ayuntamiento puso por primera vez faroles en las calles —dijo la muchacha, dando a su relato la gravedad de la historia— mi padre era el encargado de encenderlos y limpiarlos. Yo estaba ya criada por una hermana de mi madre, que era también soltera, según dicen. Mi padre había reñido con ella… Dicen que vivían juntos… todos vivían juntos… y cuando iba a farolear me llevaba en el cesto, junto con los tubos de vidrio, las mechas, la aceitera… Un día dicen que subió a limpiar el farol que hay en el puente; puso el cesto sobre el antepecho, yo me salí fuera y caíme al río.
—¡Y te ahogaste!
—No, señor; porque caí sobre piedras. ¡Divina Madre de Dios! Dicen que antes de eso era yo muy bonita.