Marianela
Marianela —Sí, señor. D. Carlos tiene un hermano médico que cura los ojos, y, según dicen, da vista a los ciegos, arregla a los tuertos y les endereza los ojos a los bizcos.
—¡Qué hombre más hábil!
—Sí, señor; y como ahora el médico anunció a su hermano que iba a venir, su hermano le escribió diciéndole que trajera las herramientas para ver si le podía dar vista a Pablo.
—¿Y ha venido ya ese buen hombre?
—No, señor: como anda siempre allá por las Américas y las Inglaterras, parece que tardará en venir. Pero Pablo se ríe de esto y dice que no le dará ese hombre lo que la Virgen Santísima le negó desde el nacer.
—Quizás tenga razón… Pero dime, ¿estamos ya cerca?… porque veo chimeneas que arrojan un humo más negro que el del infierno, y veo también una claridad que parece de fragua.