Memorias de un cortesano de 1815
Memorias de un cortesano de 1815
IRIGIME a casa de las señoras de Porreño, y hallé a doña María de la Paz muy gozosa por el buen giro y excelente aspecto que iba tomando su asunto. Acababa de salir de la casa el Sr. de Artieda, quien dio tales esperanzas y presentó la cuestión en tan buen pie para marchar a un feliz éxito, que ya se consideraba ganada la partida. Artieda, y dos o tres señores de la clerecía con el gobernador del Consejo, habían tomado a su cargo el negocio, siendo evidente que con tales pilotos (frase de doña María), el barco de la moratoria, combatido por los aquilones de la envidia, no podía menos de llegar a puerto seguro.