Memorias de un cortesano de 1815
Memorias de un cortesano de 1815
ÓMO había yo de faltar a la función de los Trinitarios, si era hombre que a ninguno cedía en religiosidad ni perdonaba medio de que se me tuviese por escrupuloso guardador de los preceptos y prácticas de la Iglesia? Además, poco antes había sido nombrado prioste de la archicofradía de Luz y Vela, y como tal me correspondía asistir a la función y acudir al pórtico de la iglesia, donde habíamos puesto el mostradorcito con varios objetos devotos y otros profanos, que al son de trompeta y tamboril se vendían o rifaban para atender a los gastos de la corporación.
Desde muy temprano estaba yo con mi cinta al cuello, espetado en el pórtico, en compaña de mis colegas el señor licenciado Moñino, de la suprema Inquisición, D. Felipe Rojo, racionero medio de Toledo y el sub-colector de espolios, D. Vicente Barbajosa. El gentío era inmenso, y se agolpaba en las distintas puertas del edificio, estorbando el paso de los fieles, lo que perjudicaba mucho la venta.
