Memorias de un cortesano de 1815

Memorias de un cortesano de 1815

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A pesar de tan supinos talentos, Ugarte no salía de su pobreza, que entonces acompañaba, como el lazarillo al ciego, a las más nobles artes de la cabeza o de los pies. Pero quiso el cielo que se prendase del bailante vizcaíno una dama burgalesa (cuyo nombre no hace al caso), la cual vivía en la Costanilla de Capuchinos de la Paciencia. Desde entonces todo cambió. Baste decir que Godoy gobernaba a España y sus Indias. Para medrar, Antoñuelo que tanto había movido los pies, no necesitó más que el apoyo de una blanca mano. Sintiéndose con un gran caudal de iniciativa y de recursos de ingenio, resolvió no meterse en las telarañas de las covachuelas, y se hizo agente de negocios de Indias, de los Cinco Gremios y de la dirección de Rentas. ¡Colosal mina! Antoñuelo tenía talento en la cabeza, y dedos en las manos.








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