Mendizábal
Mendizábal —Una de estas noches, amigo Serrano —dijo D. Fernando—, va usted a venir conmigo al Príncipe, para que me diga los nombres de todas las señoras que veamos en los palcos. En el tiempo que llevo aquí, he hecho algunas amistades, pocas; hace unas noches me llevaron al cuarto de Florencio Romea; en el teatro he conocido a Ventura de la Vega y a Mesonero Romanos. El señor a quien debo este conocimiento me le presentó días pasados en la calle de Alcalá mi compañero de casa D. Nicomedes Iglesias. ¿Le trata usted?
—¿Cómo no?… Iglesias… hombre de mucho talento, de gran porvenir…
—Pues me presentó a ese… ¿cómo se llama? Alonso… Juan Bautista Alonso, con quien me encontré después una noche en la segunda fila de lunetas, y charlamos algo de literatura. Por él he conocido a Vega, he hablado con Larra, y he saludado a Espronceda en el café Nuevo y en el Parnasillo…
—Alonso es poeta y un buen periodista… chico que vale. Será ministro… ¿Y no ha querido catequizarle a usted para la sociedad Los Numantinos?
—A mí no… Ni yo gusto de meterme en esas cosas, ni la vida política me seduce.
—A mí… sí… pero no puedo consagrarme a ella, por…
