Misericordia
Misericordia —Espérese, señora: ¿qué prisa tiene? —le dijo la Diega—. ¿A dónde irá usted que más valga?
—Otro dÃa contar más —indicó el ciego sonriendo—. Mà ver mundo mocha.
—Estás cansadito, Jai. ConvÃdanos a un medio para que se te remoje la lengua, que la tienes más seca que suela de zapato.
—Yo no convidar mà ellas, b’rrachonas. No tener diniero migo.
—Por eso no quede —dijo la Diega, rumbosa.
—Yo no bebo —declaró la Benina—, y además tengo prisa, y con permiso de la compañÃa me voy.
—Quedar ti rato más. Dar once reloja.
—Dejarla —manifestó con benevolencia la Petra—, por si tiene que ir a ganarlo; que nosotras ya lo hemos ganado.