Misericordia
Misericordia —Verdad… Por mi parte no pienso sacar título, ni mi herencia es para tanto… Esas señoras, no sé… Obdulia merece ser Duquesa, y lo es por la figura y el tono, aunque no se decida a ponerse la corona. De Emperatriz le corresponde, como hay Dios. En fin, yo no me meto… Y dejando a un lado la heráldica, vamos a otra cosa.
En esto, el de los caracoles se había sentado junto a Frasquito, y con su mirar siniestro era el terror de los parroquianos que les rodeaban.
—Puesto que usted se dedica al corretaje de anuncios, ¿podría indicarme una buena casa de huéspedes?…
—Precisamente hoy he hecho dos… Aquí las tengo en mi cartera para Imparcial y Liberal. Entérese usted… Son de lo bueno: «Habitaciones hermosas, comida a la francesa, cinco platos… treinta reales».
—Me convendría más barata… de catorce o diez y seis reales.
—También las hago… Mañana podré darle una lista de seis lo menos, todas de confianza.