Misericordia
Misericordia —Sí, sí… Pongo lo mío de hoy, y ya falta tan poco, que no quiero molestarte más. ¡Gracias a Dios! Me parece mentira. ¡Ay, hijo, qué bueno eres! Mereces que te caiga la lotería, y si no te cae, es porque no hay justicia en la tierra ni en el cielo… Adiós, hijo, no puedo detenerme ni un momento más… Dios te lo pague… Estoy en ascuas. Me voy volando a casa… Quédate en la tuya… y a esta pobre desgraciada, cuando despierte, no la pegues, hijo, ¡pobrecita! Cada uno, por el aquel de no sufrir, se emborracha con lo que puede: esta con el aguardentazo, otros con otra cosa. Yo también las cojo; pero no así: las mías son de cosa de más adentro… Ya te contaré, ya te contaré.