Misericordia
Misericordia Era Obdulia bonita, de facciones delicadas, tez opalina, cabello castaño, talle sutil y esbelto, ojos dulces, habla modosita y dengosa cuando no estaba de morros. No puede imaginarse ambiente menos adecuado a semejante criatura, mañosa y enfermiza, que la miseria en que habÃa crecido y vivÃa. Por intervalos se notaban en ella sÃntomas de presunción, anhelos de agradar, preferencias por estas o las otras personas, algo que indicaba las inquietudes o anuncios del cambio de vida, de lo cual se alegraba Doña Paca, porque tenÃa sus proyectos referentes a la niña. La buena señora se habrÃa desvivido por realizarlos, si Obdulia se equilibrara, si atendiera al complemento de su educación, bastante descuidada, pues escribÃa muy mal, e ignoraba los rudimentos del saber que poseen casi todas las niñas de la clase media. La ilusión de Doña Paca era casarla con uno de los hijos de su primo MatÃas, propietario rondeño, chicos guapines y bien criados, que seguÃan carrera en Sevilla, y alguna vez venÃan a Madrid por San Isidro. Uno de ellos, Currito Zapata, gustaba de Obdulia: casi se entablaron relaciones amorosas que por el carácter de la niña y sus extravagancias melindrosas no llegaron a formalizarse. Pero la madre no abandonaba la idea, o al menos, acariciándola en su mente, con ella se consolaba de tantas desdichas.