Tristana
Tristana Y Horacio, apuradísimo, después de muchos rodeos, concluía por hacer suya la afirmación de Saturna.
«Pero tú —agregaba—, eres una mujer excepcional, y esa regla no va contigo. Tú, encontrarás la fórmula, tú resolverás quizá el problema endiablado de la mujer libre…».
—Y honrada, se entiende, porque también te digo que no creo faltar a la honradez queriéndote, ya vivamos o no juntos… Vas a decirme que he perdido toda idea de moralidad.
—No, por Dios. Yo creo…