Zumalacárregui
Zumalacárregui Llegaron por allí dos mujeres que Fago no vio con buenos ojos. No temía de ellas la traición deliberada, sino la infidencia inocente, por indiscretas habladurías.
«¿Saben ustedes —les preguntó— si están en la venta los miqueletes?
—Ya se fueron, pues, con tropa. Volver ya harán, pues, a las diez. La cena ya pedirle han hecho a Casiana.
—Chapelgorris dormir hacen por la noche… y algunas noches ya hemos visto, pues, subir monte, y hablar confianza con partidas.
—No me fío —dijo Fago—; y ahora van ustedes a hacer lo que yo les mande, pero sin tratar de engañarme, porque en este caso lo pasarán mal.
—Serviremos ya, pues.
