Zumalacárregui
Zumalacárregui —¿Dinero?… Gracias. No me hace falta para nada —replicó el santón, alejándose de los tres—. Ahí tenéis otro motivo de condenación, el maldito dinero, que no sirve más que para hacer a los hombres codiciosos y avarientos. Por dinero salta el hombre y baila la mujer, y de estos brincos sale la guerra… Guárdate tu moneda, que yo no tengo bolsillo. Mira las hormigas cómo viven sin dinero. Pues lo mismo soy yo: como y estoy bueno sin ver un cuarto… ¡Cuartos! ¡Vaya una inmundicia…!
—También tengo plata…
—¡Plata!, ¡qué roña!
—Y oro.
—De plata tiene los cuernos Lucifer, y de oro la pezuña. Váyanse, váyanse con Dios… Ustedes matan, yo rezo…».