Zumalacárregui
Zumalacárregui «Amigos míos —dijo a los cantineros, parándose en mitad del camino—, cuando nos encontramos, la luz de mi razón hallábase apagada. Ya se ha encendido: ya veo claro. Agradeciendo a ustedes la caridad que me han hecho, me veo precisado a dejarles. Tengo que ir al Cuartel Real de Carlos V».
Diéronle medio pan y un palo, y despidiéndose afablemente tiró hacia el Norte, camino de Mendaza y del puente de Arquijas.