Zumalacárregui
Zumalacárregui Reanudadas las operaciones, Zumalacárregui mandó a Gómez a Vizcaya, donde se unió al guerrillero Sarasa, y juntos atacaron a Guernica. Los Generales Iriarte y Espartero salieron mal librados. No bien se enteró de la toma de Guernica, D. Tomás fue contra Treviño, plaza fortificada, y la sitió en las mismas barbas de Valdés, y la tomó a las cuarenta y ocho horas, cogiendo prisioneros a los seiscientos hombres de la guarnición, y arramblando con los cañones. Cuando Valdés acudió al socorro de Treviño con las tropas de Estella ya era tarde. La plaza estaba desmantelada, y los carlistas vencedores en la Berrueza. Antes de que Valdés determinara qué camino seguir, Zumalacárregui, sabedor de la evacuación de Estella, se dirigió a esta ciudad, y en ella hizo su entrada triunfal, aclamado con entusiasta delirio por los habitantes, en su gran mayoría frenéticos sectarios del Pretendiente. Hombres y mujeres rodeaban a la tropa realista, saludándola con ardientes demostraciones, cantos guerreros y populares. Las coplas sonaron todo el día por calles y plazuelas, y el famoso estribillo Ay, ay, ay, Motilá, pasaba de las bocas de los ancianos a las de las mujeres, y por fin a las de los chiquillos… ¡Gran día de expansión febril y de entusiasmo loco fue aquél para los soldados de Zumalacárregui! La pintoresca ciudad ardía en regocijo y triunfal estruendo; las campanas de sus iglesias románicas, de venerable antigüedad, no cesaban de voltear con alegres repiques; aquí y allí convites parciales a la intemperie, mesas en medio de la calle, libaciones copiosas, alegría, seguridad del triunfo de la Fe.