Zumalacárregui
Zumalacárregui En la primera parada, arrimaditos a una venta próxima al camino, en la cual comieron y refrescaron, Fago contó a su amigo todos los inauditos accidentes de su vida, desde el punto y hora en que dejaron de verse, en Diciembre del año anterior. Oyó Ibarburu el relato, como un confesor que no quiere perder sílaba, atento a los íntimos pormenores de conciencia, para formar cabal juicio del estado moral del penitente; y al llegar al caso de la defección de Fago y de su ingreso en las filas cristinas; al oírle que por ganar la libertad había vendido sus convicciones realistas, combatiendo por Isabelita II en las jornadas sangrientas de la Amézcoa, se mostró tan irritado y severo, que poco faltó para que terminase allí la confesión, y con ella la amistad de los dos capellanes.