Zumalacárregui

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La noche antes de la salida de Durango para Bilbao presentose Ibarburu con su amigo en el alojamiento del General, que era la casa-palacio de los Emparanes, y después de una breve antesala, fueron admitidos a la presencia de D. Tomás. De tal modo se pintaba la tristeza en el semblante de éste, que causaba lastimoso respeto a los que le veían. Sin duda la causa de ello era, además de la dolencia penosa, la inmensa tribulación de haber visto morir frente a Ochandiano a su entrañable amigo D. Juan Francisco Alzaa, antiguo jefe de los voluntarios de Oñate.

Sintiose Fago cohibido en presencia del General, cuya figura militar y política ante sus ojos se agigantaba. Nunca le había visto tan soberanamente investido de la majestad que dan el talento superior y la honradez sin tacha. Poco le faltó al capellán, en su profunda emoción, para arrodillarse delante del caudillo y mostrarle un acatamiento incondicional, pidiéndole perdón por haber hecho armas contra él. Casi con lágrimas en los ojos, hizo ademán de besarle la mano, y lo habría hecho si el otro se lo permitiera.





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