Zumalacárregui
Zumalacárregui Llegaron de noche a Durango, y no bien paró el convoy en el palacio de los Emparanes, llegó un mensajero del Rey, diciendo fuese el médico Sr. González Grediaga a informar a Su Majestad del estado del herido. La visita del Soberano se fijó para la siguiente mañana, a fin de que el General descansase toda la noche. Acudieron no pocos personajes de la Corte trashumante a visitar a D. Tomás; pero éste no quiso recibir a nadie. En los arcos de Santa María y en el paseo de la Olmeda hubo hasta hora muy avanzada de la noche corrillos, donde se comentaba con ansiedad el triste accidente. Los más lo creían adverso, algunos favorable, y no faltó persona bien informada que aseguró no mandaría el General Eraso las Reales tropas por mucho tiempo, pues ya era seguro que sería nombrado González Moreno, de quien se esperaba la toma de Bilbao en un abrir y cerrar de ojos.
Tan a disgusto se encontraba Fago en la llamada Corte, y tan malas tripas le hacía el encuentro probable con D. Fructuoso, que se fue a dormir a Abadiano, para incorporarse a la mañana siguiente al convoy, que por aquel pueblo tenía que pasar. D. Carlos visitó a su General muy temprano. Cuentan que le reconvino cariñosamente por exponer al peligro vida tan preciosa. Y el herido contestó: «Señor, sin exponerse, nada se adelanta… Bastante he vivido ya… En esta guerra tan desigual y destructora, por necesidad hemos de morir cuantos la hemos comenzado».