Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault —Yo lo quiero —dijo la Reina (y lo dijo con el tono de una ogresa que tiene ganas de comer carne fresca)—, y quiero comérmela con salsa Robert[89].

El pobre hombre, al ver que no podÃa burlarse de una ogresa, cogió su gran cuchillo y subió a la habitación de la pequeña Aurora; tenÃa por entonces cuatro años y vino saltando y riendo a arrojarse a su cuello a pedirle caramelos. Él se echó a llorar, el cuchillo se le cayó de las manos y se fue al corral a degollar un corderito y lo preparó con una salsa tan buena, que su ama le aseguró que nunca habÃa comido nada tan rico. Al mismo tiempo se llevó a la pequeña Aurora y se la entregó a su mujer para que la escondiera en el cuarto que tenÃa al fondo del corral.
Ocho dÃas después la malvada Reina dijo a su mayordomo:
—Quiero comerme al pequeño DÃa para la cena.
Él no replicó, resuelto a engañarla como la otra vez; fue a buscar al pequeño DÃa y lo encontró con un pequeño florete en la mano, con el que estaba practicando esgrima con un gran mono, y eso que no tenÃa más que tres años. Se lo llevó a su mujer, quien lo escondió con la pequeña Aurora, y le sirvió en lugar del pequeño DÃa un cabritillo muy tierno, que la ogresa encontró extraordinariamente rico.