Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault —Me han asegurado además —dijo el gato—, pero no puedo creerlo, que tenéis también el poder de tomar la forma de los animales más pequeños, por ejemplo, de convertiros en una rata o en un ratón; os confieso que lo tengo por imposible.
—¿Imposible? —replicó el ogro—. Vais a verlo.
Y al mismo tiempo se transformó en un ratón que se puso a correr por el suelo. En cuanto lo vio, el gato se arrojó sobre él y se lo comió.
Entre tanto el Rey, que vio al pasar el hermoso castillo del ogro, quiso entrar en él. El gato, que oyó el ruido de la carroza que pasaba por el puente levadizo, corrió a su encuentro y dijo al Rey:
—Sea Vuestra Majestad bienvenido al castillo del señor marqués de Carabás.
—¡Cómo, señor marqués! —gritó el Rey—. ¿También es vuestro este castillo? No hay nada más hermoso que este patio y todos estos edificios que lo rodean. Veamos el interior si os place.
El marqués dio la mano a la Princesita y, siguiendo al Rey, que iba el primero, entraron en una gran sala, donde encontraron una magnÃfica comida, que el ogro habÃa mandado preparar para unos amigos suyos que iban a ir a verlo aquel mismo dÃa, pero que no se atrevieron a entrar al saber que el Rey estaba allÃ.