Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault La baja de precios, que venía arrastrándose desde 1630, la crisis de subsistencias de 1648 y la impopularidad de las medidas financieras del superintendente Émeri sobre impuestos y reducción de rentas desataron las iras de los parlamentarios, que se enfrentaron con la corte de Ana de Austria y el cardenal Mazarino. Superada esta fase de la guerra, la sublevación se encaminó por otros derroteros: ahora eran los nobles quienes estaban en desacuerdo con Mazarino y su política antiaristocrática. Condé, al frente de los «príncipes» insurrectos, llegó a hacer una curiosa alianza con el pueblo bajo en contra de las tropas reales, aunque ello le enajenó la voluntad de la burguesía. La guerra acabó con la derrota de Condé y la prohibición al Parlamento del derecho de objeción. El resultado de la guerra contribuyó a la desaparición de los últimos resabios de feudalismo y a la instauración posterior del absolutismo real. La monarquía se fortaleció y el pueblo comprobó una vez más que había sido utilizado para salvaguardar los intereses de una minoría, sin que se pensara nunca realmente en sus necesidades. La traba que esta guerra supuso en la lucha con España no impidió que al final se firmase la Paz de los Pirineos, por la que España perdía el Rosellón y el Artois y se concertaba el matrimonio entre Luis XIV y la infanta María Teresa, hija de Felipe IV[125].