Los cuentos de mama Oca
Los cuentos de mama Oca
IERTA VIUDA tenÃa dos hijas; la mayor tanto se la asemejaba en el carácter y el rostro, que quien la veÃa, a su madre miraba; y una y otra eran tan poco amables y tan orgullosas, que no habÃa manera de vivir con ellas. La menor era el exacto retrato de su padre por su dulzura y honestidad, y cuantos la conocÃan afirmaban que era joven hermosÃsima de alma y de cuerpo. Como cada cual ama a su semejante, con delirio querÃa la madre a la mayor y era grande su aversión por la otra, a quien obligaba a comer en la cocina, condenándola a un trabajo incesante. VeÃase obligada la pobre criatura a ir dos veces al dÃa en busca de agua a un punto que distaba más de media legua de la casa, regresando con una enorme jarra llena. Un dÃa que estaba en la fuente, acercósela una pobre mujer y rogóle la diese de beber.
—Con mucho gusto, mi buena madre, le contestó la hermosa joven; levantando la jarra llenóla de agua en el sitio de la fuente donde más cristalina era, y luego la sostuvo presentándola a la vieja para que bebiera con toda comodidad.
Una vez hubo apagado su sed la pobre mujer, le dijo:
—Eres tan bella, tan hermosa y tan honesta que quiero hacerte un don: a cada palabra que dirás saldrá de tu boca una flor o una piedra preciosa.
