Pulgarcito
Pulgarcito Cuando empezaban a entrar en calor, oyeron tres o cuatro fuertes golpes en la puerta: era el ogro que regresaba. En el acto la mujer hizo que los niños se ocultaran debajo de la cama y fue a abrir la puerta. El ogro preguntó primero si la cena estaba lista, si habÃan sacado vino, y en seguida se sentó a la mesa. El cordero estaba aún sangrando, pero por eso mismo lo encontró mejor. Olfateaba a derecha e izquierda, diciendo que olÃa a carne fresca.
—Tiene que ser, le dijo su mujer, ese ternero que acabo de preparar lo que sentÃs.
—Huelo carne fresca, otra vez te lo digo, repuso el ogro mirando de reojo a su mujer, aquà hay algo que no comprendo.
Al decir estas palabras, se levantó de la mesa y fue derecho a la cama.
—¡Ah, dijo él, asà me quieres engañar, maldita mujer! ¡No sé por qué no te como a ti también!
Suerte para ti que eres una bestia vieja. Esta caza me viene muy a tiempo para festejar a tres ogros amigos que deben venir en estos dÃas.