La educacion del estoico
La educacion del estoico Hay algo de vil, de degradante, en esta transposición de nuestras penas a todo el universo; hay algo de sórdido egotismo en suponer que, o bien el universo está en nuestro interior, o bien somos una suerte de centro y sÃntesis, o sÃmbolo, de él.
El hecho de que sufro puede ser, en efecto, un obstáculo para la existencia de un Creador Ãntegramente bueno, pero no demuestra la inexistencia de un Creador, ni la existencia de un Creador malo, ni siquiera la existencia de un Creador imparcial. Sólo demuestra que existe el mal en el mundo, cosa que no supone un descubrimiento, y que a nadie se le ha ocurrido negar todavÃa.
Conceder valor e importancia a nuestras sensaciones sólo porque son nuestras —esto lo hacemos consciente o inconscientemente—, esta vanidad hacia dentro, a la que llamamos tantas veces orgullo, como llamamos a nuestra verdad las verdades de todas las especies.
El conflicto que nos quema, Antero lo expresó mejor que ningún otro poeta, porque tenÃa tanto sentimiento como inteligencia. Es el conflicto entre la necesidad emotiva de la creencia y la imposibilidad intelectual de creer.
Llegué, por fin, a estos breves preceptos, a la regla intelectual de la vida.
No me arrepiento de haber quemado todo el esbozo de mis obras. No tengo nada más que legar al mundo que esto[30].