La educacion del estoico
La educacion del estoico Circunscribo a mí la tragedia que es mía. La sufro, pero la sufro de frente, sin metafísica ni sociología. Me confieso vencido por la vida, pero no me confieso abatido por ella[85].
Tragedias, muchos las tienen; todos, incluso, si entre ellas contáramos las ocasionales. Pero lo que a cada cual compete, como hombre, es no hablar de su tragedia; y lo que a cada cual compete, como artista, es o ser hombre y callar sobre ella escribiendo o cantando sobre otras cosas, o extraer de ella, con firmeza y grandeza, una lección universal[86].
He alcanzado, creo, la plenitud en el empleo de la razón. Y por esto voy[87] a matarme[88]..
Gladiador siervo y obligado, la espada que sirviendo será mi derrota, será, al repudiarla, libertad y elevado saludo al Destino con el penúltimo gesto, el gesto anterior a aquel con el que, confesándome vencido, me instituyo vencedor.
En la arena en que el César nos arrojó para que digladiáramos, el que muere es vencido, y el que mata vence[89].