Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Bien sabemos que toda obra ha de ser imperfecta, y que la menos segura de nuestras contemplaciones estéticas será la de aquello que escribimos. Pero imperfecto es todo, y no hay ocaso tan bello que no pudiera serlo un poco más, ni suave brisa adormecedora que no pudiese producirnos un sueño más calmo todavÃa. Y asÃ, contempladores tanto de las montañas como de las estatuas, complaciéndonos tanto de los dÃas como de los libros, soñándolo todo para luego convertirlo en nuestra Ãntima sustancia, haremos también descripciones y análisis que, una vez hechos, pasarán a ser ajenos a nosotros, pudiéndolos disfrutar como si llegasen hasta nosotros con la tarde.
No es este el concepto de los pesimistas, para quienes, como Vigny, la vida era una cadena, en la que él trenzaba esparto para distraerse. Ser pesimista es tomarse las cosas a lo trágico, y esa actitud es tan exagerada como incómoda. No tenemos, es cierto, un concepto de valor de aplicación a la obra que realizamos. La realizamos, es verdad, para distraernos, pero no como el preso que teje el esparto tratando de distraer al Destino, sino como la niña que borda almohadas para distraerse sin más.