Libro del desasosiego
Libro del desasosiego La peor astucia de mi decadencia es mi amor a la salud y a la claridad. He creÃdo siempre que un hermoso cuerpo y el ritmo feliz de un andar joven, tenÃan más autoridad en el mundo que todos los sueños que hay en mÃ. Es con la alegrÃa del viejo que a veces sigo —sin envidia ni deseo— a las parejas casuales que la tarde junta caminando del brazo desde la consciencia inconsciente de la juventud. Los disfruto como disfruto de una verdad, sin pensar si me merecen o no respeto. Si los comparo conmigo, continúo regocijándome, pero como quien se regocija de una verdad que lo hiere, uniendo al dolor de la herida, el orgullo de haber entendido a los dioses.
Soy lo contrario de los espiritualistas simbolistas, para quien todo ser y todo acontecimiento es la sombra de una realidad de la que es sólo sombra. Cada cosa es para mÃ, no ya un punto de llegada, sino un punto de partida. Para el ocultista todo acaba en todo; todo comienza en todo para mÃ.
Procedo como ellos, por analogÃa y sugestión, pero el pequeño jardÃn que a ellos les sugiere el orden y la belleza del alma, a mà no me recuerda más que un jardÃn mayor donde pueda ser, lejos de los hombres, feliz la vida que no puede serlo. Cada cosa me sugiere, no la realidad de la que es sombra, sino la realidad del camino.