Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Al pensar que cada paso de mi vida era un contacto con el horror ante lo Nuevo, y que cada persona que iba conociendo era un fragmento vivo de lo desconocido que yo ponÃa sobre mi mesa para mi cotidiana meditación pánica —decidà abstenerme de todo, no progresar en nada, reducir la actividad a su mÃnima expresión, ausentarme lo más posible tanto de los hombres cuanto de los acontecimientos, refinarme en la abstinencia y renunciar a la bizantina. ¡Vivir me horroriza y me tortura tanto!
Decidirme, acabar algo, salir de la duda y de la oscuridad, son cosas [que] se me figuran catastróficas, cataclismos universales.
Siento la vida como un apocalipsis y un cataclismo. DÃa a dÃa aumenta en mà la incompetencia incluso para esbozar gestos que me sirvan en claras situaciones de realidad.
La presencia de los demás —tan inesperados para el alma en todo momento— me es cada dÃa más angustiante. Hablar con los demás me llena de escalofrÃos. Si acaso muestran interés por mÃ, huyo. Si me miran, me estremezco. Si […].
