Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Consigo que el paisaje tenga en mà los efectos de la música y venga a evocarme imágenes visuales —curioso y dificilÃsimo triunfo del éxtasis, tan difÃcil porque el agente evocativo es del mismo orden de sensaciones que lo que ha de evocar. Mi mayor éxito en el género fue cuando, a cierta hora ambigua de aspecto y luz, mirando para Cais de Sodré, con toda nitidez distinguà una pagoda china con extraños remates en las puntas de los tejados como sombreros absurdos —curiosa pagoda china dibujada en el espacio, sobre el espacio-satén, no sé cómo, en el espacio donde perdura la abominable tercera dimensión. Y la hora me olió verdaderamente a un tejido ajado y lejano con esa gran envidia de la realidad…
Envidio —pero no sé si envidio de veras— a aquéllos de quienes se puede escribir una biografÃa, o que pueden escribir su propia biografÃa. En estas expresiones sin continuidad ni deseo alguno de continuidad, narro con indiferencia mi autobiografÃa sin hechos, mi historia sin vida. Son mis Confesiones, y si en ellas nada digo, es que nada tengo que decir.
