Libro del desasosiego
Libro del desasosiego En mà el delirio ininterrumpido ha acabado por sustituir a la atención. He pasado a valorar sobre las cosas que veÃa, incluso cuando su visión venÃa del sueño, otros sueños que traigo conmigo. No presto atención suficiente en hacer bien lo que he llamado ver las cosas en sueños, puesto que esa distracción estaba motivada por un perpetuo devaneo y una cierta despreocupación por el flujo de mis sueños, al sobreponer lo que sueño al sueño que veo, entrecruzando la realidad ya despojada de materia con un inmaterial absoluto.
De ahà esta cierta habilidad mÃa para seguir varias ideas al mismo tiempo, observar las cosas y al mismo tiempo soñar con asuntos muy diversos, soñar al mismo tiempo con un atardecer real sobre el Tajo real, y con una mañana soñada sobre un PacÃfico interior. Y ambas cosas soñadas se intercalan la una en la otra, sin mezclarse, sin confundirse, en un estado de emoción distinta del que cada uno provoca y soy como el que ve pasar mucha gente por la calle y sintiese simultáneamente en su interior las almas de cada uno de ellos —lo que habrÃa de dar una unidad de sensación— al mismo tiempo que verÃa a esos mismos cuerpos —que debiera ver como distintos— cruzarse en la misma calle llena hasta reventar de movimientos de piernas.
En mi sueño de cubierta me estremecà —por mi alma de PrÃncipe Lejano pasó un escalofrÃo de presagio.
