Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Como alguien cuyos ojos, erguidos de un largo […] de un libro, recibe[n] su violencia de un mero claro sol natural, si aparto los ojos de verme me duele y me arde observar la nitidez e independencia de mi vida claramente externa, de la existencia de los demás, de la posición y correlación de los movimientos en el espacio. Tropiezo con los sentimientos reales de los demás, la animadversión de sus siquismos con los mÃos me hace resbalar y perder los pasos, y me descuajaringo por entre y por sobre el sonido de sus palabras extrañas al ser oÃdas por mÃ, el apoyo fuerte y preciso de sus pasos en el suelo actual, sus gestos que existen verdaderamente, sus varios y complejos modos de ser otras personas, y no variantes de la mÃa.
Me encuentro entonces en estas almas en las que me precipito a veces, desamparado y hueco, pareciendo que he muerto y vivo, pálida sombra dolorida, que la primera brisa echará por tierra y el primer contacto lo hará polvo.
Me pregunto entonces si valdrá la pena todo el esfuerzo que puse en aislarme y elevarme, si el lento calvario que he levantado de mà para mi propia Gloria Crucificada valdrá religiosamente la pena. Y aun asÃ, aunque sepa que ha valido la pena, me duele en ese momento el sentimiento de que no la ha valido, de que nunca valdrá la pena.