Libro del desasosiego
Libro del desasosiego El cielo negro hacia la parte sur del Tajo era siniestramente negro contra las alas —por contraste—, vÃvidamente blancas de las gaviotas en su vuelo inquieto. El dÃa, por otra parte, no parecÃa ya tempestuoso. Todo el nubarrón que amenazara lluvia, pasaba ya a la otra margen del rÃo y la parte baja de la ciudad, húmeda aún de la poca lluvia caÃda, sonreÃa desde el suelo a un cielo cuyo norte se azulaba un poco blancamente. El frescor de la primavera era ligeramente frÃo.
En una hora como ésta, vacÃa e imponderable, me agrada llevar voluntariamente el pensamiento hacia una meditación sin importancia, pero que retenga en su limpidez gratuita, algo de la yerma frialdad del dÃa claro, con el telón de negrura al fondo y ciertas intuiciones, como gaviotas, evocando en su contraste el misterio de toda esa gran tiniebla.
Mas, de repente, contrariando mi propósito Ãntimo y literario, el fondo negro del Sur me evoca, a través de un recuerdo verdadero o falso, otro cielo, tal vez visto en otra vida, en un norte de riachuelo, con juncos tristes y ninguna ciudad. Sin que sepa cómo, un paisaje de patos salvajes se me abre a la imaginación y, con la nitidez de un sueño raro, me siento próximo a la extensión imaginada.
