Libro del desasosiego
Libro del desasosiego El lema que hoy más considero como definitorio de mi espÃritu es el de creador de indiferencias. Más que cualquier otra, quisiera que mi acción en la vida fuese la de educar a los demás para que cada vez puedan sentirse más a sà mismos, y cada vez menos según la ley de la dinámica colectiva… Educar en aquella antisepsia espiritual por la cual no puede haber contagio de vulgaridad, me parece el más constelado destino del pedagogo Ãntimo que yo quisiera ser. Que cuantos me leyesen aprendieran —aunque poco a poco, como el asunto requiere— a no tener sensación alguna frente a la mirada y la opinión ajena, ese destino lustrarÃa suficientemente la quietud escolástica de mi vida.
La imposibilidad de hacer algo siempre ha sido una molestia con etiologÃa metafÃsica para mÃ. Emprender un gesto ha sido siempre, para mi sentimiento de las cosas, una perturbación, un desdoblamiento en el universo exterior. El hecho de moverme me ha dado siempre la impresión de que no dejarÃa intactas las estrellas ni los cielos sin cambios. Por eso, la importancia metafÃsica del más pequeño gesto muy pronto ha tomado un papel asombroso en mÃ. He adquirido frente a la acción un escrúpulo de honestidad transcendental, que me inhibe, desde que lo fijara en mi conciencia, de mantener relaciones muy marcadas con el mundo palpable.
