Libro del desasosiego
Libro del desasosiego ¿Que me duele que nadie lea lo que escribo? Lo escribo para distraerme de vivir, y lo publico porque el juego incluye esa regla. Si mañana se perdieran todos mis escritos, sentiría pena, pero, creo de verdad que no una pena violenta y loca como cabría suponer, puesto que en todo eso iba mi vida. No, es cierto que la madre, muerto el hijo, al cabo de los meses ríe y es la misma. La tierra que sirve para los muertos serviría, menos maternalmente, para esos papeles. No todo importa y creo que hay quien ve la vida sin mucha paciencia para con ese crío que despierta y con gran deseo de sosiego de cuando, en fin, se haya ido a acostar.
¡Remolinos, remolinos, en la futilidad fluyente de la vida! En la gran plaza del centro de la ciudad, la corriente sobriamente multicolor de la gente pasa, se desvía, abre pozos, se dispersa en regatos, júntase en arroyuelos. Mis ojos miran sin atención y construyo en mí esa imagen acuática que, mejor que cualquier otra, y porque pensé que se pondría a llover, se ajusta a este movimientos incierto.