Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Vivo siempre en el presente. El futuro no lo conozco. El pasado ya no es mÃo. El uno me pesa como la posibilidad de todo, y el otro como realidad de nada. No tengo esperanzas ni nostalgias. Conociendo lo que mi vida ha sido hasta hoy —tantas veces y tan contraria a lo que hubiera deseado— ¿qué puedo esperar de mi vida de mañana, sino que será lo que no espero de ella, lo que no deseo, lo que ocurre desde fuera, incluso con el apoyo de mi propia voluntad? Nada hay en mi pasado que me empuje al deseo inútil de repetirlo. Nunca he sido más que un indicio y un simulacro de mÃ. Mi pasado es todo lo que no he podido ser. Ni las sensaciones de los momentos ya idos me animan a la nostalgia: lo que se siente exige su momento y, marchado éste, se pasa la página y se continúa con la historia, aunque ya el texto sea otro.
Breve sombra oscura de un árbol urbano, leve rumor de agua cayendo sobre el estanque triste, verdor regular de la grama —jardÃn público casi en el crepúsculo—, sois para mà y en este preciso momento, el universo entero, porque sois el contenido pleno de mi sensación consciente. No quiero más de la vida, sino sentir cómo se pierde en estas tardes imprevistas, al son de niños ajenos que juegan en estos jardines enrejados ante la melancolÃa de las calles que los cercan y tocados, más allá de las altas ramas de los árboles, por un cielo viejo donde las estrellas recomienzan.
