Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Sigo a veces en mÃ, imparcialmente, esas cosas deliciosas y absurdas que no logro ver, porque son ilógicas a la vista —puentes sin dónde ni hacia dónde, calles sin principio ni fin, paisajes invertidos […]— lo absurdo, lo ilógico, lo contradictorio, todo cuanto nos desliga o nos aparta de lo real y de su séquito informe de pensamientos prácticos y sentimientos humanos y deseos de acción útil y provechosa. Lo absurdo nos salva de llegar, pese al tedio, a aquel estado del alma donde comienza por sentirse la dulce furia del sueño.
Y yo llego a tener no sé qué misterioso modo de contemplar esos absurdos —no sé explicarlo, pero veo esas cosas inconcebibles a la visión.
¿Pensaste ya, oh otra, cuán invisibles somos los unos para los otros? ¿Meditaste ya cuánto nos desconocemos? Nos vemos pero no nos vemos. Nos oÃmos pero cada cual escucha apenas una voz que está dentro de sà mismo.
Las palabras de los otros son errores de nuestro oÃdo, naufragios de nuestro entendimiento. Con qué confianza damos crédito en nuestro sentido a las palabras de los otros. Nos saben a muerte las voluptuosidades que los demás ponen en las palabras. Leemos voluptuosidad y vida en lo que los otros dejan caer de sus labios sin intención de darles un sentido profundo.
