Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Pero los paisajes soñados son humo de paisajes ya conocidos y el tedio de soñarlos es casi tan grande como el de mirar el mundo.
Vivir una vida desapasionada y culta, a resguardo de las ideas, leyendo, soñando, y pensando en escribir, una vida lo suficientemente detenida como para estar siempre al borde del tedio, lo bastante meditada como para no darse de bruces con él. Vivir esa vida ajeno a las emociones y a los pensamientos, sólo en el pensamiento de las emociones y en la emoción de los pensamientos. Permanecer al sol, doradamente, como un lago oscuro orillado de flores. Tener en la sombra aquella hidalguía de la individualidad que consiste en no porfiar demasiado con la vida. Ser en los bandazos de los mundos, como una polvareda de flores que un viento desconocido arrastrara por el aire de la tarde y la torpeza del anochecer y el azar dejaran en cualquier sitio, indiferente entre cosas mayores. Ser esto con un seguro conocimiento, ni alegre ni triste, reconocido como el sol por su brillo y las estrellas por su lejanía. No ser más, no poseer más, no querer más… La música del hambriento, la canción del ciego, la reliquia del viandante anónimo, las pisadas en el desierto del camello descargado y sin destino…
