Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Algo arrojado a un rincón, trapo caído en un camino, mi ser innoble finge ante la vida.
Ningún problema tiene solución. Ninguno de nosotros desata el nudo gordiano. O desistimos o cortamos. Resolvemos bruscamente, con el sentimiento, los problemas de la inteligencia y lo hacemos por no tener ganas de pensar, o por la timidez de sacar conclusiones, o por la absurda necesidad de encontrar un apoyo o quién sabe si por el impulso gregario de regresar a los otros y a la vida.
Si nunca podemos conocer todos los puntos de una cuestión, no podremos resolverla.
Para alcanzar la verdad no tenemos datos bastantes ni métodos intelectuales que agoten la interpretación de esos datos.
Damos comúnmente a nuestras ideas de lo desconocido el color de nuestras nociones de lo conocido. Si a la muerte la llamamos un sueño, es porque desde fuera parece un sueño; si llamamos a la muerte una vida nueva, es porque parece algo diferente de la vida. Desde los pequeños malentendidos con la realidad, construimos las creencias y las esperanzas y vivimos de las cortezas que llamamos panes, como niños pobres que juegan a ser felices.
