Libro del desasosiego
Libro del desasosiego En esos periodos de sombra soy incapaz de pensar, de sentir o de querer. No sé escribir más que números o lÃneas. No siento, y hasta la muerte de alguien querido me harÃa la misma impresión de haber sido realizada en una lengua extranjera. No puedo; es como si durmiese mientras mis gestos, mis palabras, y mis actos reales, no fuesen más allá de una respiración periférica, instinto rÃtmico de un organismo cualquiera.
Asà van pasando dÃas y dÃas, y no sabrÃa decir cuánto hubiera ganado mi vida de no haber sido asÃ. A veces me ocurre que, cuando desnudo este paisaje de mà mismo, tal vez no alcance la desnudez que presumo ni haya vestidos impalpables que cubran la eterna ausencia de mi alma verdadera; sucede que, pensar, sentir o querer, pueden ser también bloqueos ante un más Ãntimo pensar, un sentir más mÃo, una voluntad perdida en algún lugar de ese laberinto que realmente soy.
Sea lo que fuere, dejo que esto ocurra. Y al dios o a los dioses que haya, extiendo la mano de lo que soy, conforme manda la suerte y el azar procede, fiel a un compromiso olvidado.
Hace mucho que no escribo. Han pasado meses sin que escriba, y voy sobreviviendo, entre la oficina y la fisiologÃa, a través de una parálisis Ãntima del pensar y del sentir. Esto, por desgracia, no descansa, pues en toda pudrición hay fermentación.
