Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Pienso a veces, con un deleite triste, que si un día, en un futuro al que ya no pertenezca, estas frases que escribo durasen como algo meritorio, tendré al fin gentes que me «comprendan», los míos, la familia verdadera para nacer en ella y ser amado. Pero, lejos de nacer en ella, yo habré muerto hace mucho. Seré comprendido sólo en efigie, cuando ya el afecto no compense ni el desafecto tampoco a quien ha muerto con desafección, cuando aún estaba vivo.
Un día tal vez se entienda que he cumplido, como ningún otro, mi deber nato de intérprete de una parte de nuestro siglo; y cuando lo comprendan, escribirán que en mi tiempo fui incomprendido, que viví entre desafectos y frialdades y que ha sido una pena que todo ocurriese de ese modo. Y quien escriba esto será, en la época en la que lo escriba, incomprendedor, como los que ahora me rodean, congénere mío en el tiempo futuro. Porque los hombres sólo aprenden para sus bisabuelos, que ya han muerto. Sólo a los muertos sabemos enseñar las verdaderas reglas de la vida.
