Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Me levanto de la silla con un esfuerzo monstruoso, pero tengo la impresión de que llevo la silla conmigo y que es más pesada porque es la silla de la subjetividad.
El hombre corriente, por más dura que le sea la vida, tiene al menos la felicidad de no pensar. Vivir la vida en su discurrir, exteriormente, como un gato o un perro —es lo que hacen los hombres normales, y es así como se debe vivir la vida para que se pueda contar la satisfacción del gato o del perro.
Pensar es destruir. El propio proceso del pensamiento lo receta para el propio pensamiento, porque pensar es descomponer. Si los hombres supieran meditar sobre el misterio de la vida, si supieran sentir las mil complejidades que espían al alma en cada pormenor de la acción, no harían nunca nada, no vivirían siquiera. Se matarían de puro susto, como quienes se suicidan para no ser guillotinados al día siguiente.
La persistencia instintiva de la vida a través de la apariencia de la inteligencia, es para mí una de las contemplaciones más íntimas y constantes. El disfraz irreal de la consciencia sirve sólo para destacar aquella inconsciencia que no se disfraza.