Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Tras una mala noche sin dormir, no toda la gente nos aguanta. El sueño ido se llevó algo de nosotros que nos hacía humanos. Existe una irritación latente dentro de nosotros, según parece, incluso en el mismo aire orgánico que nos rodea. Somos nosotros, al final, quienes nos descuidamos, y es entre nosotros y nosotros que se establece la diplomacia de la sorda batalla.
Por esas calles he arrastrado hoy los pies y un gran cansancio. Mi alma, hoy, queda reducida a una madeja enmarañada y lo que soy y he sido, siendo yo, se ha olvidado de su nombre. Si existe mañana, sólo sé que no he dormido, y la confusión entre varias pausas deja un gran silencio en mi idioma interno.
Ah, esos grandes parques de los otros, jardines habituales para tantos, maravillosos paseos arbolados de quienes no me conocerán. Me quedo en las vigilias, como quien nunca osó ser superfluo, y cuanto medito me estremece al fin com[o] un sueño.
Soy una casa viuda, enclaustrada en sí misma, sombreada por espectros tímidos y furtivos. Siempre ando en el cuarto de al lado, o están ellos, y hay gran estruendo de árboles a mi alrededor. Divago y encuentro. Y si encuentro es porque divago. ¡Mis días de niño cuando vestíais con babis!
